Este 2025 ha inaugurado una nueva etapa a nivel internacional. Los anuncios de Donald Trump en sus primeras semanas como Presidente han reavivado el debate sobre el equilibrio entre acelerar la agenda verde y otras prioridades. De la reacción de la UE y España dependerá nuestra competitividad en las nuevas coordenadas geopolíticas.
La era Biden, marcada por un Green New Deal con 400.000 millones de dólares de ayudas públicas, es historia. Ya en las primeras semanas, se ha anunciado un recorte de casi 300 millones en inversiones verdes y se han impuesto aranceles a las exportaciones en sectores industriales como el acero o componentes de aerogeneradores.
La competitividad de la UE pasa por un modelo propio que fortalezca su autonomía estratégica, asegure el crecimiento económico y su sostenibilidad. Muchas empresas que vieron en la Inflation Reduction Act (IRA) una oportunidad para invertir en los EEUU podrían buscar ahora en la UE un mejor socio para sus proyectos. Si les damos un marco atractivo, podemos convertirnos en el principal destino de la economía verde.
La configuración de este nuevo marco para la inversión corresponderá a una Comisión que no contará con los fondos del Mecanismo de Recuperación, que han centralizado la inversión verde desde 2019, y que se están agotando.
Lo que parece claro es que el modelo basado en ayudas públicas europeas millonarias para empresas y Estados está llegando a su fin. De los 800.000 millones de Euros anuales para alcanzar la neutralidad climática siendo competitivos estimados por el informe Draghi, el 75% debe provenir de capital privado, según el BEI. Dicho de otro modo: si no movilizamos a los inversores hacia sectores estratégicos de la economía real, no vamos a ser capaces de descarbonizar ni crecer económicamente.
Como señaló el informe Draghi, la mejor respuesta para reforzar la competitividad europea en el contexto actual, pasa por un marco incentivador a la financiación verde. Pasar de una UE proveedora de fondos a una UE catalizadora de inversión rentable. Hay varias soluciones para sentar las bases de este nuevo marco, por señalar algunas:
1. Desarrollar mecanismos de financiación mixta (blended finance) para sustituir o complementar a las ayudas directas, como el Framework for an European Green Guarantee al objeto de mitigar parte del riesgo de las inversiones.
2. Facilitar la entrada de deuda alternativa y un mercado de agregación, refinanciación y titulización para la financiación de proyectos sostenibles a escala, potenciando un Mercado de Capitales Verde en la Unión Europea.
3. Apostar por créditos fiscales transferibles a efectos de ampliar el universo posible de inversores y reducir el capex de proyectos de infraestructura verde.
4. Simplificar el entramado de instrumentos europeos de financiación y ayudas y facilitar su despliegue a través de facilidades One-Stop-Shop y capitalizando las redes y canales locales.
5. Alinear el gasto y la inversión a través de Presupuestos Verdes que permitan toma de decisiones estratégicas en función del mayor impacto en descarbonización por tiempo y escala y fortalecer los procesos de licitación pública verde.

La transición ecológica es sin duda la mayor oportunidad de negocio de la historia, además de ser un punto de inflexión en la transformación de nuestra economía a un modelo más resiliente, digitalizado, y sostenible. La financiación que debe de hacerlo posible tiene que ser rentable, adaptada a las necesidades reales de cada segmento de la economía real y responder a las expectativas de los inversores.
La buena noticia es que esto ya es una realidad. Según el Informe de Spaincap sobre rentabilidad de los fondos de capital privado en España, el rendimiento de los fondos que realizan inversiones sostenibles fue un 3% superior que la media en 2023, recibiendo aportaciones superiores a los 2.500 millones.
Según el Network for Greening the Financial System (NGFS), la transición hacia emisiones netas cero podría incrementar el PIB mundial en un 7% para 2050. El nuevo contexto geopolítico ofrece una gran oportunidad a la Unión Europea y a España de proyectar su liderazgo en la transición ecológica y alcanzar este hito. Es el momento de reforzar un modelo propio que haga de la estrategia del BEI «maximizar el impacto de cada euro invertido» nuestra mejor respuesta ante la incertidumbre.